Tiñe tus propios hilos con los mejores trucos lalanaluneros

Tenemos debilidad por las lanas teñidas a mano. Son el resultado de un proceso que requiere sabiduría, paciencia, ingenio y color. Apreciamos el trabajo y creatividad que supone este I+D del mundo las lanas. Si tú también eres de las que sucumbes ante los colores y el DIY, seguro que te gustará experimentar en casa. Vamos a darte unos trucos lalanaluneros para animarte. Como los mejores consejos suelen venir de grandes expertas, hemos entrevistado a Teresa de Ovejita Be! y a Laia de Sóc una Troca.

 

Sóc una troca!!! y Ovejita Be!

 

Primero, te contaremos algunas de las cosas que hemos aprendido a través de nuestra experiencia lalanalunera…

Antes de lanzarte a teñir lanas como una loca, tendrás que tener en cuenta la composición y los tipos de fibra y colorantes con los que vas a trabajar.

Composición: No todas las fibras tiñen por igual. Un hilo con mezcla de fibras puede adquirir distintos tonos. Lo primero que debes tener en cuenta es la composición del hilo que utilizarás. Para ir sobre seguro, lo ideal es empezar con uno que sea 100%.

Tipo de fibra: Como cada fibra requiere de una técnica de teñido es básico identificar la fibra que tienes entre manos. No es lo mismo teñir una lana que una seda o un algodón. Existen dos categorías de fibras según su origen: animal o vegetal. La de celulosa procede de plantas como el algodón, el cáñamo, lino, etc. y la de proteína puede ser de mohair, lana, cachemira, alpaca, camello o seda.

Tintes: Tienes la posibilidad de teñir con tintes químicos y naturales, aunque nosotras preferimos estos últimos. Naturalmente. La fibra de celulosa necesita colorantes solubles que se fijan mediante la exposición al sol o el oxígeno. Las fibras de proteína, en cambio, requieren algún tipo de fijador para absorber el colorante.

Los tintes naturales se extraen de minerales, plantas o animales invertebrados. Por lo general, destiñen más fácilmente con los lavados y su exposición al sol. Para teñir con colorante alimentario, te recomendamos lana 100%. Es más fácil empezar con colorantes líquidos, como los de Dr. Otker. Para fijar el color, sólo necesitas añadir un poco de vinagre y calentar la solución unos minutitos en el microondas.

 

 

 

Ahora dejemos que algunas expertas de esta técnica nos cuenten sus truquillos.

¿Cuál es el material más curioso con el que habéis teñido lanas?

Teresa de Ovejita Be! (T) – En las primeras pruebas que hice antes de ponerme en serio utilicé colorantes alimentarios, los que se utilizan para teñir el fondant o la masa de un bizcocho. Es una buena manera de experimentar.

Laia de Sóc una troca (L) – El más curioso es la rapa del vino (el sobrante después de prensar las uvas para hacer vino). Un material que siempre me sorprende, porque me parece absolutamente mágico, es el índigo. Es uno de los tintes más antiguos que se conocen. Tiene un proceso complicado, hay que controlar muy bien las temperaturas, el pH del agua, los tiempos… Y cuando la lana sale del agua es amarilla, hasta que se oxigena y ¡se convierte en azul! Otra de sus curiosidades es que la planta del índigo tiene propiedades antisépticas. Por eso algunas culturas lo utilizaban como pintura de guerra (¿recordáis Braveheart?). Por la misma razón se teñían los pantalones de trabajo, para que los accidentes fueran “menos peores”. El azul de nuestros tejanos debe su color al tradicional índigo.

¿Cuánto tiempo tardáis en teñir una madeja de Sock & Roll? ¿Cuál es vuestro color preferido?

T – No puedo precisar el tiempo exacto, pero para que una tintada esté lista necesito en total unos dos días: desde que las madejas se ponen en remojo hasta que están completamente secas. Mi color preferido es el turquesa, así que todo lo que se acerque a este tono me encanta. “Mar el poder del mar” es uno de mis favoritos.

L – Pues depende. Hay algunas en las que sencillamente mezclo el color, caliento el agua y pongo la lana. En cambio, hay otras para los que hago dos, tres o ¡cuatro baños de color distintos! Y en cuanto a mi color preferido… Es como preguntar a una madre ¡cuál es su hijo preferido! Desde que trabajo con color, ¡creo que me gustan todos!

¿Alguna vez hicisteis alguna combinación de color que salió mal?

T– Sí, uno de los primeros tintes negros que utilicé empezó a moverse hacia el resto de colores. La madeja quedó de un marrón bastante feo.

L– Bufff, si solamente fuera alguna vez… Pero la gran ventaja es que se puede teñir encima de cualquier color, ¡hasta llegar a negro!

¿Tenéis alguna anécdota relacionada con los tintes (químicos o naturales) o hilado que podáis contarnos?

T – Ahora mismo no se me ocurre ninguna. Si me viene a la cabeza os la digo en otro momento.

L – Cuando expongo mis lanas en las ferias es fascinante ver las reacciones de la gente. El color llama la atención de niños y adultos. Hay mucha gente que no le quita los ojos de encima. Incluso algunas personas no pueden resistir la tentación de acercarse y tocarlas. Todavía llama más la atención si llevo la rueca… Todo el mundo reconoce el proceso de hilado, pero la mayoría nunca lo ha visto.

Estamos convencidas de que después de conocer algo más el proceso del tinte, te dan ganas de ponerte a teñir en casa. Ya sabes lo que dice el refrán, cuando veas las madejas de tu vecino tintar, pon las tuyas a remojar. ¿Preparada? Si te animas, nos encantará saber cómo fue la experiencia lalanalunera.

¿Sabías que… existe una isla de tejedores lalanaluneros?

La isla peruana de Taquile quizá no sea un paraíso, pero se le parece. Te contamos el motivo en un tirar de hebra. Casi toda su población se dedica a tejer prendas y complementos de colores vivos y alegres. Más cosas que quizás no sepas… Muchas de las piezas están tejidas sólo por hombres. Los más de 2.000 habitantes se rigen por el código moral inca “Ama sua, ama llulla, ama quella”, que significa: no robarás, no mentirás y no serás perezoso. Y ya se sabe que tejer y tener pereza no tienen nada que ver. Para esta comunidad, tejer es mucho más que una forma de subsistencia, es una visión del mundo.

Los taquileños han heredado el sistema social de las culturas precolombinas, basado en la toma de decisiones y el trabajo colectivos. Hombres, mujeres y niños se dedican a tejer, pero cada uno se especializa en el proceso y la confección de distintas prendas. Desde párvulos, juegan con las ruecas para aprender a hilar y a preparar la lana para las personas mayores.

Hombre tejiendo en Taquile. Vía Flickr promperu

Los niños se inician en el punto a los ocho años hasta crear piezas como el clásico chullo, un gorro con orejeras tejido a cinco agujas (o palitos). Antes se fabricaban con espinas de cactus. Actualmente se construyen con rayos de rueda de bicicleta doblados por las puntas. Aunque cada joven desarrolla sus propios patrones, todos siguen el mismo código cromático, ya que los colores se corresponden con el estado civil o el estatus social de quien lo lleva. No sabemos cómo resultará en el lago Titicaca pero podría ser ideal, por ejemplo, para situarse en una disco. Los casados usan el rojo, los solteros combinan el blanco y el rojo, los que buscan pareja utilizan la posición de la punta del chullo como señal. Además del punto, los hombres se especializan en el telar de pedal de la época colonial para tejer bayetas, es el tejido base de pantalones, chalecos, chompas, chalinas y faldas (o polleras).

¿Y qué hacen las mujeres? Te lo estarás preguntando. Pues ellas suelen encargarse de preparar e hilar las fibras de lana de oveja, llama y alpaca. Las taquileñas también tejen, aunque sólo utilizan la awana, un telar horizontal precolombino. Para ajustar los hilos, usan un hueso afilado de llama (wichuña). Dicen que “guarda los conocimientos secretos”, así que nos encantaría probarlo. De esa forma, crean tejidos lisos y bicolor con la faz de urdimbre, que consiste en programar todo el tejido en el momento de preparar los hilos. A los doce años, las niñas ya dominan las técnicas básicas para tejer fajas (chumpi), mantas (llicllas) y bolsitas para guardar hojas de coca (chuspas). Los chumpis son una prenda común a todos los taquileños. Todas tienen unos nombres que nos llaman muchísimo la atención, pero la prenda más peculiar es la faja-calendario. Es la que recoge la tradición oral y la más simbólica. En ella se representan los ciclos anuales relacionados con las actividades rituales y agrícolas de la comunidad. Figúrate que tuvieses un fajín que te avisase de cuándo llegan las vacaciones o es el momento de podar tus plantas. A nosotras, la faja-calendario nos ha parecido como la primera App antes del móvil.

 

Cinturón Taquile. Vía Flickr por Ngaire Hart (Lawson)
Tejidos de la isla Taquile. Vía uncambiodeaires.com

 

De cualquier manera, los taquileños nos parecen unos artesanos de lo más lalanaluneros. Crean entre todos cinturones, gorros, bolsos, mantas y ponchos con sus características figuras, bandas y listas. Los colores tradicionales son el rojo, el negro, el verde, el azul, el marrón, el plomo y el blanco adornados con pompones de tonos alegres. Aunque con el tiempo y para vender sus creaciones, han ampliado la gama cromática gracias a las fibras sintéticas y a las anilinas. Para esta comunidad la comercialización de prendas les ayuda en su desarrollo económico y, sobre todo, a continuar con la tradición textil de la isla.

En 2005, Taquile y su arte textil fueron proclamados “Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad” por la UNESCO. Por este motivo, la isla recibe más de 40.000 turistas al año. Si tú también sientes curiosidad y quieres ir de visita para asistir a su escuela especializada en artesanía local, prepárate. En la isla no hay luz ni agua corriente, ni coches, ni hoteles ni mucho menos internet. Por eso han desarrollado un modelo de turismo alternativo controlado por los taquileños. Suena como toda una aventura lalanalunera. ¿Te apuntarías a vivir así, creando prendas con toda la tradición del pasado? ¿Quién podría más tu móvil lleno de Apps o la faja-calendario? Anímate a contárnoslo.